
Partiendo de la Propuesta de evaluación y acreditación del proceso de enseñanza-aprendizaje en la perspectiva de la didáctica crítica de Porfirio Morán Oviedo, y de Calidad de la educación: una polémica en relación al examen de Ángel Díaz Barriga, este trabajo indaga lo referente no sólo al estudio del aprendizaje escolar, sino también, al análisis e interrelación de ciertos elementos inherentes a la evaluación del aprendizaje, como la acreditación, la medición, la calificación y el examen. En otras palabras, responderemos a cuestionamientos tales como: ¿qué es la acreditación?, ¿qué relación existe entre el examen, la acreditación, la medición y la calificación?, ¿el examen indica con certeza el saber del sujeto?, ¿quién inventó los exámenes? o ¿qué hay detrás de la política educativa de corte neoliberal? Veamos.
Según Morán (2005) la opción tecnocrática y eficientista de control de aprendizajes, de asignación de notas y/o calificaciones, por exigencia institucional, y consecuentemente social, es la que ha predominado en el campo de la educación. Su mayor influencia se ejerce en los años setentas, con la introducción de la teoría conductista, misma que apuntala al desarrollo de una teoría de la medición, más que de la evaluación. Por otro lado, Díaz (2004) declara que a partir de la instauración de una política educativa de corte neoliberal se buscan justificaciones académicas que permitan fundamentar la restricción del ingreso a la educación: todo el mundo sabe que el examen es el instrumento a partir del cual se reconoce administrativamente un conocimiento, pero asimismo (sic), reconoce que el examen no indica realmente cuál es el saber del sujeto; es más, Díaz sentencia, que la pedagogía al preocuparse por los exámenes y la calificación ha caído en una trampa que le ha impedido percibir y estudiar los grandes problemas de la educación.
La evaluación no debe considerarse como una actividad terminal, mecánica e intrascendente sino como un proyecto de investigación que, además de abordar teóricamente el problema a investigar, debe determinar a su vez las estrategias de recuperación e interpretación de la información más significativa en los distintos niveles o etapas en los que se va a desarrollar. Quien esto escribe, concuerda con la idea de que hay que desconfiar de la pedagogía del examen, que según Díaz (2005), ha creado más problemas a la educación que los que ha resuelto. Es más, el planteamiento de que debe existir una relación simétrica entre el sistema de enseñanza y el sistema de exámenes o de que la modificación de uno afecta al otro, es una falacia. Estoy completamente de acuerdo en que el examen es un efecto de las concepciones sobre el aprendizaje, y no el motor que transforma a la enseñanza. Pero, ¿es tan malo centrar la evaluación en el examen? Veamos.
[1] “Para eludir la constante amenaza de apropiación de cargos, impedir la formación de clientela y la de monopolio de notables, el poder patrimonial de la China imperial tomó estas medidas: nombramientos a corto plazo, exclusión del cargo donde el funcionario tenía parientes, vigilancia mediante espías, agragando, por primera vez en la historia, la exigencia de exámenes…” Weber, M., Economía y sociedad. Fondo de Cultura Económica, México. 1983.
Si la evaluación del proceso de aprendizaje, como dice Morán (2005:102), consiste en una serie de apreciaciones o juicios sobre el acontecer humano en una experiencia grupal, tales como el análisis del mismo proceso de enseñanza-aprendizaje, el análisis de la participación de los estudiantes y el estudio de las condiciones que pudieron afectar dicho proceso, ¿por qué la mayoría de los maestros depositan en un simple examen todo el vasto proceso de evaluación? ¿Podría ser por ignorancia? Luego entonces, ¿qué alternativas tenemos?
Concordamos con la idea de que hay tres grandes momentos para evaluar: uno, al final de cada sesión, dos, después de algunas sesiones y tres, al final del curso. En nuestra opinión, unos minutos son suficientes para el primer momento. Para ello proponemos la aplicación de un instrumento de evaluación centrado en la reflexión y revisión del trabajo colectivo y personal mediante la coevaluación y la autoevaluación, que adjuntamos a este ensayo. Aquí el alumno pondrá en práctica sus habilidades y capacidades no sólo para acordar los resultados sino para, aplicar valores como el respeto, la tolerancia y la disciplina, entre otros, para aprender poco a poco esta forma de evaluación, con las dificultades que esto entraña.
Para el segundo y tercer momentos, que pueden ser al final de un bimestre o del curso, y que son momentos de síntesis, reflexión y elaboración del conocimiento, se recomienda realizar a manera de recapitulación una sesión de evaluación grupal, como un balance totalizador. La tarea consiste en una recuperación histórica del acontecer más significativo que se vivió en el curso. Estas sesiones de evaluación grupal (e individual) involucran a los participantes y al coordinador. Se puede uno basar en preguntas como: ¿qué aprendizajes de los planteados en el programa se alcanzaron?, ¿qué aprendizajes no se alcanzaron?, ¿qué aprendizajes no planeados en el programa consideras que se alcanzaron?, ¿qué factores propiciaron u obstaculizaron la consecución de aprendizajes?
Ahora, con respecto al rubro de la acreditación, que hace referencia a la tarea de constatar ciertas evidencias de aprendizaje -que debe emprenderse desde el mismo momento en que se formulan los objetivos y los contenidos programáticos- y que, como ya dijimos, no debe confundirse con la asignación de números o calificación, concordamos con Morán (ibid, 117) en que hay que hacer un plan para la acreditación de aprendizajes aplicando instrumentos con características técnicas acordes a cada situación, tales como: examen a libro abierto, composición, ensayo o trabajos de investigación, entre otros.
El examen a libro abierto exige una concepción distinta del proceso de enseñanza-aprendizaje, pero tendría a su favor practicar una evaluación cualitativa capaz de canalizar creatividad, interpretación personal y/o grupal, juicio crítico y manejo de material bibliográfico, etc. Es un tipo de examen que se aplica muy poco en nuestras prácticas evaluativas. El estudiante puede optar incluso por trabajar en equipo, propiciando así la discusión de un problema o una temática donde no necesariamente se deban dar posturas homogéneas en el desarrollo y resultado del trabajo.
La composición consiste en formular al estudiante una cuestión, tema, asunto, etc., para que lo desarrolle con entera libertad. Podría pensarse que es algo muy sencillo, pero probablemente sea más complicado que otro tipo de pruebas. La calidad de estas pruebas depende de su elaboración, no pueden ser improvisadas, su construcción exige pensar detenidamente en las cuestiones que estimulen conductas que impliquen la capacidad de manejo de la información. Mediante estas pruebas se pueden explorar aprendizajes que implican procesos mentales superiores, tales como la capacidad para pensar, organizar, y aplicar la información recibida; integrar aprendizajes; la capacidad para producir, organizar y expresar ideas o crear formas originales, etc.
Con el ensayo, que generalmente debe ser breve, el alumno expone en forma libre y ágil sus puntos de vista, sus argumentaciones personales acerca de determinados aspectos de un tema, sin seguir un plan riguroso, ni con pretensiones de agotarlo. En este tipo de trabajos, el estudiante tiene mayor libertad para seleccionar y organizar contenido, lenguaje y estilo de redacción.
Los trabajos de investigación, como establece Moran (2005:121), pueden proporcionar evidencias para:
· Ampliar conocimientos,
· Profundizar en un tema,
· Comparar puntos de vista,
· Desarrollar habilidades y hábitos de investigación, entre otras.
En estos trabajos deben explicitarse, de antemano, las características técnicas, la explicitación de los propósitos y de los requisitos (indicadores) que debe cumplir.
En suma, se ha dicho que todo aprendizaje consiste en una serie de acciones orientadas hacia determinadas metas; estas acciones involucran a la totalidad de la persona humana. Planteamos también, que una persona aprende cuando modifica o reestructura su conducta y que es imprescindible dejar de concebir al hombre como un sistema de almacenamiento y de emisión de información. También expusimos que la evaluación es el estudio de aprendizaje de todo un curso e incluye todo el acontecer de una persona (o de un grupo); que la acreditación hace referencia a la tarea de constatar ciertas evidencias de aspectos más concretos relacionados con ciertos aprendizajes importantes; y que en la calificación se concretan y depositan valores que no siempre reflejan cabalmente el aprendizaje.
Indicamos que la teoría conductista justifica al examen como instrumento de medición del conocimiento, que la pedagogía ha caído en una trampa que le ha impedido estudiar los grandes problemas de la educación y que el empleo del examen evidencia la incapacidad de la sociedad –maestros incluidos- de resolver problemas de orden económico, social y psicopedagógico.
Finalmente, consideramos que en el encuadre se deben establecer tres momentos para la evaluación constante; y para tal fin, propusimos un instrumento centrado en la reflexión y revisión del trabajo colectivo y personal que se apoya en la coevaluación y la autoevaluación. Señalamos, en último lugar, que para la acreditación de aprendizajes se pueden aplicar instrumentos como el examen a libro abierto, la composición, el ensayo o algunos trabajos de investigación, entre otros.
BIBLIOGRÁFICA
Pansza G. M., Pérez J. E. y Morán O. P. (2005) Propuesta de evaluación y acreditación del proceso de enseñanza-aprendizaje en la perspectiva de la didáctica crítica. Sexta unidad.
En Operatividad de la didáctica crítica: Ed. Gernika.
ELECTRÓNICA
Diaz, A. (2004) Una polémica en relación al examen. Recuperado el 20 de septiembre de 2009. En http://www.rieoei.org/oeivirt/rie05a0.pdf






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