domingo, 21 de septiembre de 2008

FLAVIO RAMÓN: Homo Videns, La sociedad teledirigida, de Giovanni Sartori




Giovanni Sartori presenta en su libro Homo videns una tesis interesantísima sobre el terrible efecto que ha provocado la televisión en la actual generación. Propone que el homo sapiens, ser viviente que posee un lenguaje propio, que debe su saber y el avance de su entendimiento a su actitud reflexiva y a su capacidad de abstracción está transformándose en un homo videns, una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero que no entiende. Dicho a su manera: “la televisión está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte en la naturaleza misma del homo sapiens.” Y agrega: “La televisión es un instrumento antropogenético, un medium que genera un nuevo anthropos, un nuevo tipo de ser humano… por el puro y simple hecho de que nuestros niños ven la televisión durante horas y horas, antes de aprender a leer y escribir”

Esta teoría incluye un análisis detallado que a continuación resumiré. Al principio Sartori destaca la capacidad simbólica del homo sapiens como animal racional que siente, imagina, crea; este animal posee, además, cuatro características que lo distinguen por sobre las demás especies de seres vivos: lenguaje, mito, arte y religión. Y es el lenguaje, señala puntualmente, la característica que lo distingue radicalmente de los demás.

Después, Sartori nos muestra una elocuente fotografía de la evolución tecnológica con las consecuencias que cada una produjeron. Inventos todos que se remiten a la historia de los avances tecnológicos de la humanidad: desde la imprenta hasta la computadora, pasando por las máquinas de la revolución industrial, el telégrafo, la radio, y la televisión. Estos inventos, expresa el autor del libro, fueron recibidos, en general, como elementos de progreso favorables; no obstante, existieron objeciones y temores, que, dice, no han atacado a los instrumentos, sino a su contenido, como se marca en los siguientes casos.

De la imprenta señala algunas hostilidades, por ejemplo, el decreto de excomunión del Papa Clemente XII a los católicos que poseyeran ejemplares de la enciclopedia de Diderot (editada en 1751) bajo la premisa de que “escondía una conspiración para destruir la religión y debilitar la autoridad del Estado”. Con respecto al telégrafo y a las agencias de noticias, indica que nadie advirtió a tiempo el peligro de la conformación de monopolios de información, en los que decidían cuáles eran las noticias que había que dar. De la radio y de la televisión, nos dice que la primera ha tomado el control de la música de la vida diaria y que la segunda entretiene y divierte pero que “atrofia la capacidad de abstracción y con ella toda la capacidad de entender”.

Sartori asaetea el invento de la televisión con dardos puntillosos cuando explica que “Por encima de todo, la verdad es que la televisión es la primera escuela del niño (la escuela divertida que precede a la escuela aburrida); y el niño es un animal simbólico que recibe su imprint, su impronta educacional, en imágenes de un mundo centrado en el hecho de ver. … El problema es que el niño es una esponja que registra y absorbe indiscriminadamente todo lo que ve (ya que no posee aún capacidad de discriminación)”. Nos dice algo que lamentablemente los docentes constatamos día con día… que el niño formado en la imagen televisiva se reduce a un hombre que no lee, y, por tanto, la mayoría de las veces, es un ser reblandecido por la televisión, adicto a por vida a los videojuegos.

La descripción de Sartori retrata con puntual precisión al niño de hoy definiéndolo como un video-niño, quien es nada menos que el próximo adulto marcado por la atrofia y pobreza cultural, un adulto sordo de por vida a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos por la cultura escrita, el nuevo homo videns.

En ese contexto en que se redefine al hombre actual ¿es posible que la anemia idiomática que padece nuestra lengua castellana, de la que hablaba el fallecido escritor madrileño Lázaro Carreter, se deba al surgimiento del homo videns de Sartori? ¿Y que este nueva criatura está vinculada con el actual deterioro de la lengua a que hace referencia el lingüista burgalés Álex Grijelmo, quien culpa del presente desperfecto idiomático al inmenso acelerador de partículas que forman los descomunales medios de comunicación y a la ya gigantesca red informática?

La televisión, analiza Sartori, beneficia y perjudica, ayuda y hace daño. ¿Si la televisión transforma todo en espectáculo, en violencia, entonces la valoración cambiaría? Para darnos idea de la violencia generada por la televisión el autor cita investigaciones externas sorprendentes que exponen que si no hubiera televisión en los Estados Unidos habría 10’000 asesinatos y 700’000 agresiones menos al año. Me pregunto si la violencia actual que se vive en todo el mundo –especialmente en México- esté ligada a la nueva generación de homo videns. ¿Será entonces que la ingente exposición televisiva ciertamente ha erosionado -o transformado- el intelecto de las personas?

Finalmente, en el texto, Sartori se pregunta si a cincuenta años de la aparición de la televisión ya estará obsoleta y superada por las nuevas fronteras que son el Internet y el ciberespacio… y explica que no. Que aunque las posibilidades del Internet son infinitas: buscando información, entreteniendo o utilizándolo para fin educativo-cultural, no alcanzará nunca al televisor, pues éste último resultaría ganador entre los perezosos o las personas cansadas que prefieren mirar a tener que interactuar. Considera que excluyendo a los marginados y a las personas en extrema pobreza, la televisión cubre al cien por ciento de las casas adonde llega. Además, concluye, ver pasivamente es más fácil y más cómodo que el acto de navegar activamente por la red, es decir, que ver la computadora requiere de un esfuerzo físico mayor.

Ante la llegada de esta nueva criatura reflexionamos, ¿cuál debe ser el papel que los profesores, la familia y la sociedad en su conjunto debemos interpretar ante la presente generación de homo videns?

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El presente artículo cuenta con el permiso de publicación de la Lic. Gloria Elena Landero Jácome, encargada de la materia DIDÁCTICA Y CURRÍCULUM de la Maestría en Educación de la UNIVERSIDAD MEXICANA, Campus Veracruz.

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